Integración vs Inclusión

Estándar

En esta entrada quiero hablar sobre dos términos que a menudo los utilizamos como si fueran sinónimos, pero no lo son: integración e inclusión.

¿En qué creéis que se diferencian? En esta entrada intentaré dar respuesta a este interrogante…

A pesar de que, como he señalado, integración e inclusión se utilizan como si fueran sinónimos, reflejan enfoques pedagógicos distintos en el momento de afrontar los desafíos de la diversidad.

El niño de la década de 1980 era integrado en la escuela, siempre y cuando pudiese, por sí mismo o con la ayuda de profesionales, adaptarse al temario, al proyecto educativo de la escuela y a los valores y actitudes de la cultura predominante.

La educación inclusiva sostiene que el sistema escolar o social debe modificarse de tal manera que se elimine el mayor número posible de barreras para la participación de las personas que padecen deficiencias.

El aula heterogénea o diversificada es el “alma” del paradigma de la educación inclusiva, como la homogeneidad lo era para la escuela tradicional.

Desde esta perspectiva, no existen dos clases de niños: normales frente a discapacitados, ni niños con necesidades educativas especiales frente a niños sin necesidades educativas especiales. La diversidad es inherente al ser humano, es normal y lo normal es diverso, diferente.

A continuación os muestro las principales diferencias entre ambos conceptos.

DIFERENCIAS
ENTRE INTEGRACIÓN E INCLUSIÓN

Integración

Inclusión

Su fundamento es procurar la
normalización del alumnado con necesidades educativas especiales.

Procura el reconocimiento y la valoración
de la diversidad.

Se centra en las diferencias de los
alumnos con necesidades educativas especiales, por lo que habilita apoyos,
recursos y profesionales.

La escuela y la comunidad se implican
recíprocamente con el fin de mejorar la calidad educativa de todo el
alumnado.

Las adaptaciones en el temario son
desarrolladas como forma de superar las diferencias con el resto de los
alumnos, aceptando que puedan aprender cosas diferentes.

Propone un temario común para todo el
alumnado, al que se le irán incorporando de forma implícita esas adaptaciones
para que todos tengan la posibilidad de aprender de forma diferente.

La escuela inclusiva orientada a atender la diversidad, critica los modelos de integración que segregan por espacios y momentos a alumnos que deben afrontar un determinado problema, sosteniendo que es más apropiado resolverlo en una misma clase y sacar provecho de esa diversidad.

El aula diversificada debe intentar llevar a cabo el máximo desarrollo posible de todos sus miembros, tengan más o menos aptitudes en determinados aspectos cognitivos o físicos.

La escuela inclusiva aboga por ser el reflejo de la diversidad propia de la sociedad.

El funcionamiento de la escuela inclusiva es de mayor complejidad que el de una escuela tradicional; las relaciones entre los diversos protagonistas del proceso educativo no están basadas en formas rígidas de roles y estatus. Mientras que en la escuela tradicional el padre es el padre, el docente es el docente y el alumno es el alumno; y esos roles se inscriben en el contexto de una estructura jerárquica muy lineal.

La educación inclusiva implica organizar la institución con el fin de que pueda modificarse y contener la misma diversidad que la comunidad en la que se inscribe y, a la vez, ser capaz de promover los aprendizajes que requieren todos sus miembros.

 Por otro lado, los factores clave para una escuela inclusiva son:

  • Partir de la experiencia y conocimientos propios; de sus éxitos y también de sus dificultades.
  • El convencimiento de la necesidad de avanzar hacia una concepción inclusiva de la educación.
  • Hacer del trabajo colaborativo el instrumento metodológico habitual para generar conocimiento que sirva de forma eficaz para responder a las diferentes necesidades del alumnado.
  • Entender las dificultades (la heterogeneidad presente en las aulas) como oportunidades para diversificar la respuesta educativa que puede servirse del potencial de aprendizaje que supone el trabajo cooperativo de los alumnos y la colaboración entre iguales.
  • Aulas flexibles capaces de adaptarse a las características y necesidades del alumnado y del profesorado.
  • Mejorar la autoestima tanto por parte del alumnado como del profesorado.
  • Diseñar y promover planes de formación del profesorado, fundamentalmente de centro, que suponga la reflexión sobre la propia experiencia y, cuando sea necesario, la colaboración de asesores externos.
  • Incorporar la evaluación de los resultados, que puede adoptar diversas formas (autoevaluación, evaluación interna), como generadora de los procesos de cambio.

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REFLEXIÓN

Teniendo presente que integración e inclusión son ideas diferentes, si me preguntaran con qué visión me quedo, mi respuesta sin dudarlo sería con la inclusión, ¿por qué? porque como educadores y formadores que somos nuestra misión con los alumnos debe ser el ayudarles a integrarse en la sociedad de forma activa, participativa y desarrollando al máximo sus capacidades; teniendo en cuenta que la escuela recoge diversidad de alumnos con distintos intereses, lenguas, razas, características personales, etc., es decir, comprendiendo que todos y cada uno de nosotros somos diferentes.

Pero… ¿Por qué seguimos haciendo ver que lo diferente es algo malo? ¿Por qué cada vez que un niño, por sus características o por los motivos que sean, no alcanza el promedio se le excluye?

Quizás porque, por desgracia, aún no somos conscientes de que la diversidad es un hecho que es inherente al ser humano, todos y cada uno de nosotros somos diferentes y especiales, y cuanto mayor sea la diversidad con la que nos encontremos en el aula o en cualquier otro ámbito, más nos podremos enriquecer mutuamente.

Por otro lado, otra de las cosas que me he preguntado muchas veces es ¿por qué a la hora de evaluar a los alumnos seguimos utilizando un método estandarizado y único? Parece que aún seguimos inmersos en la escuela tradicional donde se realiza una evaluación normativa comparando al alumno con el promedio de la clase (algo que ni siquiera existe). Si queremos atender a la diversidad y ofrecer una educación individualizada, tenemos que llevar a cabo una evaluación criterial, es decir, valorar al alumno con respecto a sí mismo.

Por lo tanto, creo que debemos de promover una escuela común en la que se hagan realidad los principios de igualdad de oportunidades y de atención personalizada a cada alumno en función de sus necesidades, intereses, motivaciones, etc. En definitiva, ofrecer una educación de calidad.

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